
Conosco a esta muchacha, su nombre no lo recuerdo bien y creo que es mejor dejarlo ahí, en lo oscuro, dentro de la oportuna "mala memoria". A veces pienso que es mi mejor amiga y otras mi peor enemiga o talvez sería mi mejor enemiga, porque sabe exactamente como hacerme perder la cordura.
No se exactamente cómo la conocí, ni que edad tenía cuando la vi por primera vez, sólo se que siempre aparece repentinamente, en el momento menos esperado, cuando mas tranquila y en paz con el mundo estoy. Sabe, se podría decir, en qué preciso momento mostrar su rostro.
Ella no tiene un cuerpo definido y su cara es mas como que transparente, su alma es aguerrida casi hiriente. Sentirla cerca me eriza la piel y me hace pensar que el invierno del año pasado no fue nada.
Pero hay algo que debo admitir, me gusta. Siempre que la veo me estremece las piernas y tiembla mi mirada, su piel de aire y su odio punzante la hacen tan indefenza y lastimada que me dan ganas de acogerla en mi boca y hacerle descanzar de su odio inútil.
Debo admitir también, que en realidad es ella quien me hace descanzar en su pecho caliente de rabia, son sus manos las que me desenredan los cabellos y me quitan el tedio de la paz. Su boca llena de calientes espinas quema mi cerebro y me convierte en sus ojos y su cuerpo.
Ella me toma diariamente de la mano aún cuando mi pareja me abraza, aún cuando mi madre me besa, aún cuando rezo en la noche. Transfucion de odio le llamo yo, evación personal le llama ella.
Yo la amo y la odio, quiero acariciar su inexistente forma, quiero matarla en agua bendita.
Ella me odia y aunque diga que me ama, sólo me odia, me toma de la mano para empujarme al vacío, me llena la boca de saliva para ahogarme, me llena de odio para sofocarme, me seduce para acosarme y vive en mi para que odie cada día un poco mas.
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